jueves, 21 de enero de 2010

Dicen que somos tipos raros

A mí me gusta escribir, quizá por esto nace este blog. Me gusta escribir y me gusta la educación (en todas sus acepciones). Así que tú lector, que seguro de lógica andas sobrado, habrás concluido que, por tanto, me gusta escribir sobre educación.

Este blog nace para ordenar el anterior y para ordenar mi desahogo.

Pero fundamentalmente nace para decir que a mí me gusta mi profesión e incluso, disfruto trabajando.

Y para, según qué día, decir también que llega un momento en que estás hasta las pelotas de aquellos infelices que, como no tienen cojones de luchar por defender sus intereses laborales, dedican gran parte de su tiempo a despotricar, siempre desde la envidia, sobre las condiciones laborales de los maestros. Con lo fácil, lo maravilloso, lo cómodo, lo ideal, lo perfecto, lo paradisiaco, lo magnífico y lo estupendo que es ser maestro, solo un tonto no lo sería.

Así que al menos me queda el consuelo de saber que yo no soy tonto... ¿y tú?

Y también para gritar la bajada de pantalones continua de la administración educativa ante las exigencias de la familia y la conversión, sin disimulo, de la escuela en aparcamiento de niños.

Quizás lo que soy es un tipo raro...



A mi hermano, 
por tener una buena imagen de mí,
aunque sea maestro..
Jueves, 21 de enero de 2.010

sábado, 7 de noviembre de 2009

La autoridad del maestro

La Comunidad de Madrid con su (ponle el calificativo que prefieras) presidenta Aguirre a la cabeza ha tocado un tema espinoso en esto de la educación formal y reglada impartida en las escuelas e institutos de toda España. Ha lanzado el globo sonda, como suelen hacer los políticos gobernantes antes de encarar cualquier tema, de otorgar al profesorado autoridad legal o judicial o no sé cómo calificarla. Quiere primero ver, antes de decidir, qué piensa el pueblo en general, y los profesionales de la educación en particular. No sé mucho de política, pero esto me parece una forma cobarde de hacer las cosas. No decidir según lo que se crea, sino según el escándalo que pueda montarse, según los votos que pudieran perderse o ganarse. 


Pero volvamos al tema de la autoridad en el profesorado y de la conveniencia o necesidad de otorgarle esa autoridad legal. Todo esto me supone demasiadas dudas. A ver si soy capaz de plasmar algo en este post.


La autoridad no se consigue con pastillas. Ni se tiene, ni se compra. Ni siquiera creo que las cosas cambiasen demasiado porque un decreto o ley sentenciase autoridad legal para el docente. Hay que echar un poco la vista atrás para darnos cuenta de dónde puede estar el quid de la cuestión. 


En la escuela de la Ley de Educación General Básica (la mal añorada EGB) el docente tenía la autoridad. Concretamente, tenía los dos tipos de autoridad posible: la científica, porque era el poseedor de los contenidos y la principal fuente para surtir al alumnado; y la social, porque el docente tenía prestigio, tenía algo que decir, era respetado. Todavía era una figura relevante en la ciudad, y no digamos en los pueblos. En la escuela actual la situación ha cambiado, dando un giro de 180º. El docente ya no tiene la autoridad científica, la que te otorgan los contenidos, porque el contenido está en todos lados. Estamos en la era de la información. Internet nos come a pasos agigantados. No podemos competir con internet. Mi mejor explicación sobre los movimientos de los planetas, por ejemplo, no podrá nunca acercarse siquiera a la visión de un vídeo en Youtube. Y por si esto fuera poco, también ha perdido la autoridad social. La figura del maestro tampoco goza de la salud de antaño. En las familias, el maestro ya no es un punto de apoyo para la educación de sus hijos e hijas, ya no es ese asesor que fuera. Muchas veces, incluso, se ve casi como competidor, como aquel que, en lugar de ayudar a solucionar conflictos, los crea. Quizás, se vea más como enfermedad que como medicina. Y así nos va. 


Por eso, estamos ahora en una época de cambio, de redefinición de roles, de no añorar tanto y sí mirar más al frente. Ahora el maestro debe recrear su papel, su rol, en esta sociedad del efecto visual y de la información. 


Pero señora Aguirre, la solución no puede ser nunca de carácter correctivo, porque eso implicaría que los docentes asumimos que somos incapaces de prevenir, de educar. Sería reconocer que solo nos queda el castigo como medio educativo. Y el castigo, aunque esto no lo sepa mucha gente, debe ser solo usado para momentos puntuales, muy puntuales; momentos en lo que TODO se ha ido al carajo. El castigo no es una solución cotidiana, porque así solo estaríamos metiendo la polla en el arroz, como diría don Diego Herrera (lo siento, nunca podré encontrar una frase más acorde que esta).


Un mal sábado vespertino
lo tiene cualquiera.
Sábado 7 de noviembre de 2009 

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Escuela Pública vs Privada I

La conversión de la educación en negocio es cada vez más evidente. Las familias son tratadas como clientes desde hace tiempo y la escuela es cada vez menos escuela y más empresa, y como tal tiene que ofrecer resultados, no procesos.


Y bajo este espíritu nace el tan renombrado y archiconocido informe PISA. Bueno, archiconocido, no, más bien, archirequetenombrado, que la mayoría de quien lo nombra no tiene mucha idea... Se trata de medir el resultado final de la educación en chavales de 4º de ESO, que están ya en el disparadero de salida. Mide qué niños saben y qué niños no. Además de este informe PISA, amasado en el seno de la Comunidad Europea, en España - para no ser menos - nos inventamos las pruebas de diagnóstico. Así, si el informe PISA nos compara con otros países de la Comunidad, las pruebas de diagnóstico, de una naturaleza muy similar, nos compara los resultados obtenidos entre las Comunidades Autónomas de nuestro país. Y claro, amigo, las escuelas privadas quedan en resultado muy por encima de la escuela pública. Conclusión: la escuela privada es mejor que la escuela pública porque los niños aprenden más. Eah.


Pero para qué fijarnos en el proceso, en el punto de partida. Te pongo un ejemplo que me gusta ponerle a mis alumnos para que entiendan cómo los evaluaré durante el curso. Resulta que Pepito y Juanito van al edificio de su trabajo. Hoy el ascensor está estropeado, vaya lata!! así que tienen que subir a pie hasta el piso 3 donde se encuentra su oficina. Pepito ha traido el coche, y lo ha aparcado en la planta 5 del garaje, pero Juanito ha decidido venir andando, así que ha entrado al edificio por la planta baja, la cero. Supongo que más o menos entiendes la metáfora, tú que me lees... ¿Quién tiene que recorrer mas para llegar? ¿Ya no tiene importancia el punto de partida?


En una escuela pública nos encontramos clases dificiles de trabajar. En las que la heterogeneidad es la nota reinante. Clases con una riqueza y diversidad cultural cada vez mayor. En ellas aprendemos todos mucho más de lo que la gente sabe medir con sus pruebas diagnosticas y sus informes PISA... así que no vengan a tocarme las pelotas los de la Escuela Privada con sus recursos y sus maestros adoctrinadores de niños... a los que les niegan hasta su identidad con uniformes que pretenden (como su propio nombre indican) uniformarlos, darles una única forma, borrar su personalidad... clases de niños bien que aprenden las capitales de los países del mundo y la tabla periódica de elementos... pero que luego realizan batallas campales en Pozuelo... Pero es que quizás a muchos de esos padres, que no a todos, lo único que les importa es que sus hijos sigan teniendo claro que ellos pertenencen a esa clase de la sociedad que para ganar 3.000 euros al mes tiene que echar 60 horas de curro a la semana... A esa clase de la sociedad que se quiere creer rica y para ella se encarga muy desde el principio en que te fijes en sus caballo con el jugador de polo, en su banderita del chaleco o en las letras italianas que ocupan todo el pecho de su camisaeta...


Cómo, que los maestros de la privada son mejores??


Seguiré... claro que seguiré...
Miércoles 09 de septiembre de 2009

miércoles, 22 de julio de 2009

Faltan huevos

¿Cuando llegará el día en que la este Estado laico, aconfesional, dé realmente el paso definitivo? ¿Cuándo dejará el Estado de tener que doblar las rodillas ante la "Santa" "Madre" Iglesia? ¿Cuándo?

¿Por qué la Escuela Pública permite adoctrinar a niños y niñas en su horario? Aunque no me parece ni bien, ni correcto, ni conveniente, ni necesario, ni nada que se le aproxime, reconozco, no podría ser de otra forma, que cada familia tiene el derecho de dar a su descendencia la educación religiosa que estime oportuna. Pero ¿por qué ocupando espacio en la Escuela Pública, donde deberían formarse individuos libres y respetuosos para con todos?

Sería, en mi opinión más importante, que en la escuela ocupásemos esta hora, por ejemplo, en dar a los niños y niñas un bagaje cultural religioso, en el que todos aprendamos algo sobre las religiones más importantes, su historia, su nacimientos, sus códigos, su importancia en el desarrollo o freno para la actual sociedad, etc. Pero adoctrinar no. Eso por la tarde y subvencionado por la iglesia, o por las familias, pero no por el estado.

Lo que te decía... que faltan huevos.

Miércoles 22 de julio de 2009

viernes, 3 de julio de 2009

Niños clientes

Dar no es querer, ni amar. Y amar, o querer, no es dar. Es más, me atrevería a decir que dando no queremos ni más ni menos, no amamos ni más ni menos, simplemente damos. Pero esto, aunque individualemente lo tenemos claro, dentro de esta tumultuosa sociedad no lo está tanto, porque subyace en el ambiente que si damos, queremos, amamos.

Y así, nuestros padres de hoy intentan dar a sus hijos para que estos vean, sientan, que son queridos. Confunden necesidades con caprichos. Bueno, no los confunden, si no que son engañados. La sociedad del marketing en la que vivimos ha centrado, desde hace mucho tiempo, sus ojos en el niño y lo ha convertido en un niño cliente. Desde este prisma los caprichos pasan a ser necesidades de la noche a la mañana sin que nadie ponga el grito en el cielo, sin que nadie se autopregunte, sin que nadie piense. Estamos demasiado inmersos en el problema como para pensar y simplemente nos dejamos llevar. Damos y damos porque así crecerán felices nuestros hijos, porque los padres estamos para satisfacer sus necesidades y no para permitir que nuestros infantes crezcan con tristeza o algún que otro trauma.

Y así, se nos lleva hasta la idea de que lo más bonito y maravilloso del mundo es la sonrisa de un niño. Y que cualquier otros sentimiento en principio contradictorio (desilusión, tristeza, enfado, miedo, decepción, etc.) no hace más que entorpecer su crecimiento, que poner trabas en el camino de la felicidad.

Y con este plan de actuación, criaremos hijos que solo reconocerán la felicidad como sentimiento valido y posible, que no sabrán manejarse en la furia o en la tristeza, o en el enfado o en la desilusión, reconociendo estos últimos como sentimientos extraños, sentimientos ocupas de su corazón. Criaremos hijos que entenderán que sus necesidades deben ser satisfechas de inmediatao y que el esfuerzo por conseguir algo se resume a pedirlo y, a lo sumo, a ponerse un poco impertinente.

Un niño debe crecer en un ambiente sano y feliz, evidentemente, en el que poder desarrollar toda su potencialidad; pero esto no quita que yo como padre deba saber dotarlo de un bagaje emocional suficiente que le permita sacar todo su partido a la vida. Que no es poco.
Reflexiones tras leer
"Mal de escuela"
Pennac, Daniel.
Viernes, 03 de julio de 2009